Archivo de Marzo 2008|Página de archivo por mes

Me gustas cuando callas

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

La niña ciega

Érase que se era, una pobre niña ciega. Sus padres vivían con ella y sus 8 hermanos en un pueblo casi deshabitado.

Su familia era pobre, pues el reinado de Felipe IV había asolado las tierras de cultivo de su familia, como las de muchas otras personas.

Su padre, sin saber qué hacer para poder dar de comer a su familia, llevo a Madrid a su hija. Su plan no era otro que exponerla como curiosidad en una feria que había montada en la capital para agradar la visita del Rey, pues esa tarde iría a ver la ciudad. La niña se opuso rotundamente cuando su padre le explicó los planes que tenía para ella.

-Pero, padre ¿que te crees que soy? ¿un mono de feria? No quiero ir, se reirán de mí. Además, tengo que cuidar el huerto, me lo dijiste tú, sino los conejos se lo volverán a comer.                                                                                                                                                 -Me da igual lo que digas, vendrás conmigo. No te preocupes, no se burlarán de ti, le he pedido a tu hermano mayor que venga con nosotros, por si acaso quieren reirse de mi hija. Además, hija, esto es solo para poder ganar un poco de dinero, llevamos días sin comer.

Varias veces antes de la partida, la niña ciega intentó convencer a su padre, en vano. Pararon varias veces por el comino para dar de beber a los burros y descansar. Cuando llegaron a la feria, les esperaba un tío del padre de la niña. Él, le había cedido una vieja caseta que les serviría para poner su plan en marcha.

-¡Niña ciega, niña ciega! Acérquense, señores, esta niñita tiene poderes, puede adivinar el futuro -decía el padre repetidas veces, mientras sostenía un cartel. El padre le había dicho a su hija que le siguiera el hilo de aquella mentira.

Cuando el Rey llegó al recinto, todos los feriantes hicieron una reverencia. Cuando Su Majestad se acercó al puesto donde estaba la niña ciega, se quedó maravillado con las predicciones de la niña.

-Oh, mi señor, usted corre tiempos de felicidad, si no me equivoco. Con el nacimiento de su hijo ya está pensando los planes de la herencia. Pero, si quiere mi consejo, dejé de pensar en eso, queda aún mucho tiempo, pues usted es joven y su hijó será un monarca maravilloso.                                                                                                                                         -¡Válgame Dios! esta niña es un genio. García, -dijó el Rey a su consejero -quiero a esta niña en la Corte, avisa a los guardias y búscale un caballo. Y… ¡Ah! un buen caballero de compañía, no quiero tener ningún accidente por el camino. Otra cosa, manda a un mesajero al castillo comunicándole a la Reina que tengo una gran sorpresa, que preparen una fiesta. Señor, -dijo, dirigiéndose al padre de la niña -le pagaré una dote con 4000 marcos para gastos personales y quiero que usted y su familia se muden a la Corte también.

Meses más tarde, cuando la niña estaba ya incorporda en la Corte, decidió contarle al Rey su secreto.

- Mi señor, yo no soy adivina de verdad, mi padre me obligó a predecir el futuro a la gente, y sobre todo a usted, para ganar dinero. Y ahora está disfrutando de muchos lujos.

El final de esta historia no es otro que este: el Rey manda desterrar al padre de la niña y ella pasa de ser adivinadora a ser la consejera de la Reina. Su familia vivió años de prosperidad y felicidad, gracias a que la niña ciega contó la verdad.

Caer

Caer, es caer libre.
Caer, es liberarte de tus prisiones
Caer, es dormirte en tus palabras
Caer, es acariciar el pasado
Caer, es mentir a la verdad
Caer, es saborear la pasión
Caer, es besar el cielo
Caer, es rozar su piel
Caer, es reir las penas
Caer, es soñar un paraíso
Caer, es, simplemente, caer…

Premios Calidez

Recibo con gran honor el premio CALIDEZ que se me ha otorgado por parte de Alexkev y su blog de “Cai” (http://www.alexkev.wordpress.com). Y, no debo quedarme sin decir esto, de mi parte recibe, Alexkev, un gran abrazo.

Este premio tiene algunas reglas que hay que respetar y son las siguientes:

. Publicarlo en un post haciendo relación al autor y Blog de quien te lo otorga.

. Hacer un enlace al Blog citado.

. Elegir cinco Blogs en los que consideres similares cualidades (calidez) que aquellas por las que lo recibes.

. Enlazar los Blog’s nominados.

. Hacer constar estas reglas.

Y estos son mis nominados:

Premios Calidez

Luis Muñoz http://www.literatura.wordpress.com

Alexkev http://www.alexkev.wordpress.com

La lecrora provisora http://www.lalectoraprovisora.wordpress.com

Fany http://realidadimprovisada.wordpress.com

[de]CONSTRUCCION http://shoah.wordpress.com

Estos son los blogs nominados a los premios CALIDEZ que otorgo con gran ilusión a estos 5 blogs que me han hecho sentir diferente.

Los fragmentos de la noche

Cómo aislar los fragmentos de la noche
para apretar algo con las manos,
como la liebre penetra en su oscuridad
separando dos estrellas
apoyadas en el brillo de la yerba húmeda.
La noche respira en una intocable humedad,
no en el centro de la esfera que vuela,
y todo lo va uniendo, esquinas o fragmentos,
hasta formar el irrompible tejido de la noche,
sutil y completo como los dedos unidos
que apenas dejan pasar el agua,
como un cestillo mágico
que nada vacío dentro del río.
Yo quería separar mis manos de la noche,
pero se oía una gran sonoridad que no se oía,
como si todo mi cuerpo cayera sobre una serafina
silenciosa en la esquina del templo.
La noche era un reloj no para el tiempo
sino para la luz,
era un pulpo que era una piedra,
era una tela como una pizarra llena de ojos.
Yo quería rescatar la noche
aislando sus fragmentos,
que nada sabían de un cuerpo,
de una tuba de órgano
sino la sustancia que vuela
desconociendo los pestañeos de la luz.
Quería rescatar la respiración
y se alzaba en su soledad y esplendor,
hasta formar el neuma universal
anterior a la aparición del hombre.
La suma respirante
que forma los grandes continentes
de la aurora que sonríe
con zancos infantiles.
Yo quería rescatar los fragmentos de la noche
y formaba una sustancia universal,
comencé entonces a sumergir
los dedos y los ojos en la noche,
le soltaba todas las amarras a la barcaza.
Era un combate sin término,
entre lo que yo le quería quitar a la noche
y lo que la noche me regalaba.
El sueño, con contornos de diamante,
detenía a la liebre
con orejas de trébol.
Momentáneamente tuve que abandonar la casa
para darle paso a la noche.
Qué brusquedad rompió esa continuidad,
entre la noche trazando el techo,
sosteniéndolo como entre dos nubes
que flotaban en la oscuridad sumergida.
En el comienzo que no anota los nombres,
la llegada de lo diferenciado con campanillas
de acero, con ojos
para la profundidad de las aguas
donde la noche reposaba.
Como en un incendio,
yo quería sacar los recuerdos de la noche,
el tintineo hacia dentro del golpe mate,
como cuando con la palma de la mano
golpeamos la masa de pan.
El sueño volvió a detener a la liebre
que arañaba mis brazos
con palillos de aguarrás.
Riéndose, repartía por mi rostro               
grandes cicatrices.

Lo que eres para mi

Existes, pues naciste para que te amara
respiras, pues así sé que yo respiro,
sueñas, pues así fabricas mis sueños,
miras, pues de tus miradas vivo,
hablas, pues tu voz es mi alimento
callas, pues con tu silencio me emociono
y yo te amo, pues no hay nada sin amarte.

¿Y ahora que?

Y ahora que te has ido, dejando buenos recuerdos en mi mente,  ¿y ahora que?

Y ahora que te has ido, dejando sola mi alma como a un perro, ¿y ahora que?

Y ahora que no estas a mi lado para consolarme en los momentos de agonía, ¿y ahora que?

Y ahora que no estás conmigo para hacerme sentirme acompañado, ¿y ahora que?

Y ahora que no tengo a nadie a quien contar cuanto le amaba, ¿y ahora que?

Ahora, te recordaré vagamente, sintiendo como se me apaga el corazón lentamente, y lloro de agonía.

Juventud, vejez

Era yo una ganadera de joven, cuando el sol apremiaba las duras tardes de trabajo en el campo. Mi padre, que murió al poco de coger la peste, dejó a mi cargo las vacas, los cerdos, los burros y las gallinas.

Me levantaba temprano para sacar a las vacas a pastar, pues entonces mi abuelo nos vendió el cerco que tenía. Decía él que no lo quería para nada.

Las gallinas estaban alborotadas, y las plumas esparcidas por el suelo. No me improtaba tener que recojer la suciedad, esa noche las gallinas habían puesto 7 huevos.

Corrí con los huevos hasta la coina de la casa. Los dejé en la mesa  y salí fuera de nuevo. Los burros tenían hambre y daban golpes en las puertas de los establos con fiereza.

Ya, vieja como estoy, aún recuerdo aquellos tiempos, donde lo que más nos importaba era estar feliz, aunque aquello supusiera tener que cuidar la granja.

Nuestros padres nos criaron para eso, ya era la propia monotonía lo que se nos oponía a liberarnos de aquella “esclavitud”. Después, nos buscaban un buen mozo y al poco ya éramos madres de varios hijos.

Me susurró

Caía la noche. Su tersa piel me transmitía calor. Estábamos sentados en aquel tronco olvidado, perdidos en un denso bosque.

De repente, noté como sus labios se iban acercando lentamente hacia los míos. Me susurraba con ternura palabras que yo apenas entendí.

Ya solo recuerdo que nos fundimos en un intenso beso. ¡Hacía cuanto tiempo esperaba ese momento! Sólo me quedaba disfrutar del cariño que tanto necesitaba.

Volvió a susurrarme palabras incomprensibles, y yo me dejaba llevar por sus caricias. Ya no me importaba nada, solo quería sentirme querida.

Ahora, en lunas llenas, como la primera vez, visitamos ese tronque viejo, que a tantos sueños nos transportó.

Carta invisible

Ciudad de Ninguna Parte, Invisible del 0000

Querida Amada:

Cuando recibas esta carta será porqué me habré ido y, es que no puedo esperar más. Me encantaría quedarme otro milenio esperando que te decidas, pero me estoy perdiendo muchas cosas por tu culpa. Nunca pensé que diría esto, porque te amo locamente, pero yo ya estoy decidido a quererte toda mi vida, tú eres la que aún no te has decidido.
No me podrás culpar de que te haya abandonado, porque en tus momentos de agonía, nunca te dí la espalda.
Sé que me quieres, mejor dicho, que me aprecias, pero no es el aprecio que me merezco. El aprecio que me merezco es el aprecio legítimo por tu parte. De ti no te tienes que preocupar, tú ya has ganado el aprecio y el amor legítimo por mi parte.
Para mí, la palabra “ayuda” ya no tiene sentido. Yo ni si quiera la he sentido. Siempre he dado mi ayuda, he prestado mis conocimientos, he exprimido hasta el último de mis órganos para poder estar a tu lado, pero tu no me lo has pagado como debiera ser, con cariño y amistad, sino con indecisión y duda.
Cuando llegues a esta línea, sentirás una ligera extrañeza. Yo nunca he sido impaciente, pues he esperado mucho tiempo, para mí siglos, pero veo que tú no respondes y me he cansado.
He reflexionado, para vivir sufriendo, mejor es desaparecer del Universo.
Estoy escribiendo con una pluma dorada, eso debiera significar una dolorosa despedida, pero no te preocupes, lo hago por amor.

Se despide hasta siempre,

Esa persona

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