Recordando el atardecer

Recordando el atardecer, sentado sobre la hierba mojada, pasan por mi mente momentos tuyos y míos. He cogido una brizna de hierba y eres tú, tú a la que amé con una llama de fuego grabada en el corazón. Desde que te fuiste, mis ojos no han vuelto a ver el mismo atardecer. El sol me suplica que vuelvas, pero yo no puedo hacer nada para que estés de nuevo conmigo, abrazados los dos, inseparables.

Ya no me quedan lágrimas para pedirte una razón, un fallo mío, todas se derramaron hacía tiempo, corrían por mis pómulos con rapidez queriendo caer al abismo de un mundo que nunca entendí. Antes, contigo a mi lado, todo tenía sentido, y aunque yo, sin tí, haya perdido todo el sentido de mi existencia, tú sigues conservando el tuyo intacto, será porque te cuidé bien.

Ya no sé como pedirle a mi mente que se olvide de tí, pero mo puede porque mi mente soy yo, y yo soy tuyo. A veces, cuando levanto la vista tras largas noches de ensimismamiento, me viene a la cabeza una imagen. Y no comprendo como aún dudas, siendo el centro de mi existir, cual era esa hermosa imagen.

Ya te dejo vivir libre, olvidate de mi, no me mereces, no soy nadie para suplicarte que no me dejes morir lejos de ti, pero, por favor, no te olvides de mis besos…

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