Archivo de 12/04/08|Página de archivo diario
Italia
Simplemente sientate e una escalinata de piedra, generalmente romana. Puedes contemplar la herencia de un imperio enterrado hacía siglos. Piensa, brevemente, como fue el Coliseo, mejor dicho, El Anfiteatro Flavio, quedarás asombrado. Yo le he probado, y mi escalinata estaba fría pero sentí un ardor por mis venas, al ver una estructura de piedra mandada a construir por Vespasiano e inaugurado por Tito. Transcurrieron muchos años hasta que éste construyó junto al Coliseo una estatua de él echa de cobre, bronce y oro.
Ahora, se me viene a la cabeza una palabra plagada de arte renacentista: DAVID. Sabeis bien quien talló esta majestuosa escultura. El mismo que en su día realizó con sus manos La Capilla Sixtina y que dijo, como un genio: “La escultura está dentro, solo hay que quitar lo que sobra”. También lo he probado y vino a mi el síndrome de Stendall al contemplar la perfección del hombre, tallada por un hombre.
Ya termino diciendo que me senté en una asiento mientras un simpático gondolieri remaba mientras cantaba el ” Amore mio”. El viento me susurraba al oído imágenes que luego viví en la Plaza de San Marco. Las callejuelas desprendían un olor a los mercados que en su día pisaron las tres ciudades que viví, a veces con alegría y otras con añorancia a lo pasado.
Dejar un comentario
