Archivos de la categoría ‘Cuentos’

Ruego

Quisiera pedirte, sabio, señor de los cielos y señor de las almas cálidas, otorgame la Divinidad de subir contigo al Mundo de los Mundos, de observar con el gran ojo, oráculo. Siempre, le combendrá saber, señor mío, he sido fiel, pues me entrego cada noche a vuestro servicio. No sé sentir como lo hacéis vos, Señor de los Señores, usted puede hacer lo impensable, lo que nadie pueda imaginar, y nadie lo niega, pero mi petición no es otra que el ruego de compartir unos segundos con mi Señor, y después pregonar por los campos lo que he sentido, la luz cegadora que ha viajado a través de mi mirada. Ya lo habréis notado, pero no descansaré hasta que mi deseo se vea cumplido por vos, como dicta mi filosofía de la vida.

Ahora, señor, que ya terminé con mis ruegos, vengo a implorarle la libertad a las compañeras. Chicas humildes, que, como yo han abandonado todo para entregarse a su Divinadad mas poderosa, necesitamos respirar, pues los Monjes solo nos han enseñado a adorarle. Sé que es un pecado atreverse a imaginar semejante cosa, sé, también, que moriré desgarrada con el Diablo en mis venas porque usted lo dicta, pero creo que merece la pena arriesgarse por mejorar la vida de otras muchas personas. Y yo, quiero que lo sepa Dios de los dioses, no soy cualquier muchacha que se aguantará con lo que digan los hombres, pienso luchar hasta conseguir la libertad y la igualdad para mi pais, aunque sea en el Infierno.

Estoy a pundo de cerrar los ojos para siempre, por casualidades del destino, o porque mi Señor, al que he sido fiel hasta el momento, ha temido que mis ideas fueran revolucionarias para el mundo y quiere mantener en silencio el peligro. Pero no baje nunca la mirada, porque simepre habrá alguna persona que acecha, se lo aseguro.

 

Italia

Simplemente sientate e una escalinata de piedra, generalmente romana. Puedes contemplar la herencia de un imperio enterrado hacía siglos. Piensa, brevemente, como fue el Coliseo, mejor dicho, El Anfiteatro Flavio, quedarás asombrado. Yo le he probado, y mi escalinata estaba fría pero sentí un ardor por mis venas, al ver una estructura de piedra mandada a construir por Vespasiano e inaugurado por Tito. Transcurrieron muchos años hasta que éste construyó junto al Coliseo una estatua de él echa de cobre, bronce y oro.

Ahora, se me viene a la cabeza una palabra plagada de arte renacentista: DAVID. Sabeis bien quien talló esta majestuosa escultura. El mismo que en su día realizó con sus manos La Capilla Sixtina y que dijo, como un genio: “La escultura está dentro, solo hay que quitar lo que sobra”. También lo he probado y vino a mi el síndrome de Stendall al contemplar la perfección del hombre, tallada por un hombre.

Ya termino diciendo que me senté en una asiento mientras un simpático gondolieri remaba mientras cantaba el ” Amore mio”. El viento me susurraba al oído imágenes que luego viví en la Plaza de San Marco. Las callejuelas desprendían un olor a los mercados que en su día pisaron las tres ciudades que viví, a veces con alegría y otras con añorancia a lo pasado.

 

 

La niña ciega

Érase que se era, una pobre niña ciega. Sus padres vivían con ella y sus 8 hermanos en un pueblo casi deshabitado.

Su familia era pobre, pues el reinado de Felipe IV había asolado las tierras de cultivo de su familia, como las de muchas otras personas.

Su padre, sin saber qué hacer para poder dar de comer a su familia, llevo a Madrid a su hija. Su plan no era otro que exponerla como curiosidad en una feria que había montada en la capital para agradar la visita del Rey, pues esa tarde iría a ver la ciudad. La niña se opuso rotundamente cuando su padre le explicó los planes que tenía para ella.

-Pero, padre ¿que te crees que soy? ¿un mono de feria? No quiero ir, se reirán de mí. Además, tengo que cuidar el huerto, me lo dijiste tú, sino los conejos se lo volverán a comer.                                                                                                                                                 -Me da igual lo que digas, vendrás conmigo. No te preocupes, no se burlarán de ti, le he pedido a tu hermano mayor que venga con nosotros, por si acaso quieren reirse de mi hija. Además, hija, esto es solo para poder ganar un poco de dinero, llevamos días sin comer.

Varias veces antes de la partida, la niña ciega intentó convencer a su padre, en vano. Pararon varias veces por el comino para dar de beber a los burros y descansar. Cuando llegaron a la feria, les esperaba un tío del padre de la niña. Él, le había cedido una vieja caseta que les serviría para poner su plan en marcha.

-¡Niña ciega, niña ciega! Acérquense, señores, esta niñita tiene poderes, puede adivinar el futuro -decía el padre repetidas veces, mientras sostenía un cartel. El padre le había dicho a su hija que le siguiera el hilo de aquella mentira.

Cuando el Rey llegó al recinto, todos los feriantes hicieron una reverencia. Cuando Su Majestad se acercó al puesto donde estaba la niña ciega, se quedó maravillado con las predicciones de la niña.

-Oh, mi señor, usted corre tiempos de felicidad, si no me equivoco. Con el nacimiento de su hijo ya está pensando los planes de la herencia. Pero, si quiere mi consejo, dejé de pensar en eso, queda aún mucho tiempo, pues usted es joven y su hijó será un monarca maravilloso.                                                                                                                                         -¡Válgame Dios! esta niña es un genio. García, -dijó el Rey a su consejero -quiero a esta niña en la Corte, avisa a los guardias y búscale un caballo. Y… ¡Ah! un buen caballero de compañía, no quiero tener ningún accidente por el camino. Otra cosa, manda a un mesajero al castillo comunicándole a la Reina que tengo una gran sorpresa, que preparen una fiesta. Señor, -dijo, dirigiéndose al padre de la niña -le pagaré una dote con 4000 marcos para gastos personales y quiero que usted y su familia se muden a la Corte también.

Meses más tarde, cuando la niña estaba ya incorporda en la Corte, decidió contarle al Rey su secreto.

- Mi señor, yo no soy adivina de verdad, mi padre me obligó a predecir el futuro a la gente, y sobre todo a usted, para ganar dinero. Y ahora está disfrutando de muchos lujos.

El final de esta historia no es otro que este: el Rey manda desterrar al padre de la niña y ella pasa de ser adivinadora a ser la consejera de la Reina. Su familia vivió años de prosperidad y felicidad, gracias a que la niña ciega contó la verdad.

Juventud, vejez

Era yo una ganadera de joven, cuando el sol apremiaba las duras tardes de trabajo en el campo. Mi padre, que murió al poco de coger la peste, dejó a mi cargo las vacas, los cerdos, los burros y las gallinas.

Me levantaba temprano para sacar a las vacas a pastar, pues entonces mi abuelo nos vendió el cerco que tenía. Decía él que no lo quería para nada.

Las gallinas estaban alborotadas, y las plumas esparcidas por el suelo. No me improtaba tener que recojer la suciedad, esa noche las gallinas habían puesto 7 huevos.

Corrí con los huevos hasta la coina de la casa. Los dejé en la mesa  y salí fuera de nuevo. Los burros tenían hambre y daban golpes en las puertas de los establos con fiereza.

Ya, vieja como estoy, aún recuerdo aquellos tiempos, donde lo que más nos importaba era estar feliz, aunque aquello supusiera tener que cuidar la granja.

Nuestros padres nos criaron para eso, ya era la propia monotonía lo que se nos oponía a liberarnos de aquella “esclavitud”. Después, nos buscaban un buen mozo y al poco ya éramos madres de varios hijos.