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El amor verdadero
Supongo que el amor verdadero
Conlleva a sufrimiento.
Supongo que merece la pena
Por querer como te quiero
Si supieras todo lo que siento,
Como te echo de menos
Si supieras que la distancia
No me ayuda a superarte
Que los días se me hacen años
Pensando sólo en tocarte
Esperando algún día
Poder volver a besarte.
Si supieras que para mi siempre es otoño
Que en mi corazón siempre está lloviendo
Que mi sonrisa está marchita
Y mis ojos vacíos
Por no poder mirarte,
Que mi cuerpo está desnudo,
Por no poder palparte
Si supieras lo sola que me encuentro
Lo triste que me siento,
Lo lejos que veo ese momento,
…nuestro reencuentro.
Te quiero vida mía,
Como nunca quise a nadie
Te querré toda la vida
Jamás podré olvidarte
Procura recordarme
Mas allá del tiempo y la distancia
Mas allá del todo
Mas allá de la nada
Mas allá de ti mismo
De mi mirada
De cualquier abismo…
Mas allá de mis palabras.
Débil el alba
El día de los desventurados, el día pálido asoma
con un desgarrador olor frío, con sus fuerzas en gris,
sin cascabeles, goteando el alba por todas partes:
es un naufragio en el vacío, con un alrededor de llanto.
Porque se fue de tantos sitios la sombra húmeda, callada,
de tantas cavilaciones en vano, de tantos parajes terrestres
en donde debió ocupar hasta el designio de las raíces,
de tanta forma aguda que se defendía.
Yo lloro en medio de lo invadido, entre lo confuso,
entre el sabor creciente, poniendo el oído
en la pura circulación, en el aumento,
cediendo sin rumbo el paso a lo que arriba,
a lo que surge vestido de cadenas y claveles,
yo sueño, sobrellevando mis vestigios morales.
Nada hay de precipitado ni de alegre, ni de forma orgullosa,
todo aparece haciéndose con evidente pobreza,
la luz de la tierra sale de sus párpados
no como la campanada, sino más bien como las lágrimas:
el tejido del día, su lienzo débil,
sirve para una venda de enfermos, sirve para hacer señas
en una despedida, detrás de la ausencia:
es el color que sólo quiere reemplazar,
cubrir, tragar, vencer, hacer distancias.
Estoy sola entre materias desvencijadas,
la lluvia cae sobre mí, y se me parece,
se me parece con su desvarío, solitaria en el mundo muerto,
rechazada al caer, y sin forma obstinada.
Me gustas cuando callas
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
Caer
Caer, es caer libre.
Caer, es liberarte de tus prisiones
Caer, es dormirte en tus palabras
Caer, es acariciar el pasado
Caer, es mentir a la verdad
Caer, es saborear la pasión
Caer, es besar el cielo
Caer, es rozar su piel
Caer, es reir las penas
Caer, es soñar un paraíso
Caer, es, simplemente, caer…
Los fragmentos de la noche
Cómo aislar los fragmentos de la noche
para apretar algo con las manos,
como la liebre penetra en su oscuridad
separando dos estrellas
apoyadas en el brillo de la yerba húmeda.
La noche respira en una intocable humedad,
no en el centro de la esfera que vuela,
y todo lo va uniendo, esquinas o fragmentos,
hasta formar el irrompible tejido de la noche,
sutil y completo como los dedos unidos
que apenas dejan pasar el agua,
como un cestillo mágico
que nada vacío dentro del río.
Yo quería separar mis manos de la noche,
pero se oía una gran sonoridad que no se oía,
como si todo mi cuerpo cayera sobre una serafina
silenciosa en la esquina del templo.
La noche era un reloj no para el tiempo
sino para la luz,
era un pulpo que era una piedra,
era una tela como una pizarra llena de ojos.
Yo quería rescatar la noche
aislando sus fragmentos,
que nada sabían de un cuerpo,
de una tuba de órgano
sino la sustancia que vuela
desconociendo los pestañeos de la luz.
Quería rescatar la respiración
y se alzaba en su soledad y esplendor,
hasta formar el neuma universal
anterior a la aparición del hombre.
La suma respirante
que forma los grandes continentes
de la aurora que sonríe
con zancos infantiles.
Yo quería rescatar los fragmentos de la noche
y formaba una sustancia universal,
comencé entonces a sumergir
los dedos y los ojos en la noche,
le soltaba todas las amarras a la barcaza.
Era un combate sin término,
entre lo que yo le quería quitar a la noche
y lo que la noche me regalaba.
El sueño, con contornos de diamante,
detenía a la liebre
con orejas de trébol.
Momentáneamente tuve que abandonar la casa
para darle paso a la noche.
Qué brusquedad rompió esa continuidad,
entre la noche trazando el techo,
sosteniéndolo como entre dos nubes
que flotaban en la oscuridad sumergida.
En el comienzo que no anota los nombres,
la llegada de lo diferenciado con campanillas
de acero, con ojos
para la profundidad de las aguas
donde la noche reposaba.
Como en un incendio,
yo quería sacar los recuerdos de la noche,
el tintineo hacia dentro del golpe mate,
como cuando con la palma de la mano
golpeamos la masa de pan.
El sueño volvió a detener a la liebre
que arañaba mis brazos
con palillos de aguarrás.
Riéndose, repartía por mi rostro
grandes cicatrices.
Lo que eres para mi
Existes, pues naciste para que te amara
respiras, pues así sé que yo respiro,
sueñas, pues así fabricas mis sueños,
miras, pues de tus miradas vivo,
hablas, pues tu voz es mi alimento
callas, pues con tu silencio me emociono
y yo te amo, pues no hay nada sin amarte.
¿Y ahora que?
Y ahora que te has ido, dejando buenos recuerdos en mi mente, ¿y ahora que?
Y ahora que te has ido, dejando sola mi alma como a un perro, ¿y ahora que?
Y ahora que no estas a mi lado para consolarme en los momentos de agonía, ¿y ahora que?
Y ahora que no estás conmigo para hacerme sentirme acompañado, ¿y ahora que?
Y ahora que no tengo a nadie a quien contar cuanto le amaba, ¿y ahora que?
Ahora, te recordaré vagamente, sintiendo como se me apaga el corazón lentamente, y lloro de agonía.
Aunque estés lejos
Aunque estés lejos, siempre te amaré.
Aunque estés lejos, la vida continua.
Si supieras que te extraño y ya todo terminó, creí haberte olvidado, pero la vida me engañó.
Cometí un error irreparable, haberte abandonado.
Jugué con mis sentimientos, creí poder ganarle.
Pero todo salió mal, te amo mas que antes, me siento sola y no estoy sola.
Solo espero tu retorno, para pedirte perdónmas no se si pueda porque ya sola no estoy.
Mi familia a crecido, y ahora somos mas que dos.
Si mi perdón no te sirve, lo entenderé mi amor.
Pero cuando vuelvas a la noche la cambiaré por el sol.
Mas si la vida no quiere que nos juntemos, amor, prometo hasta que muera ser tuya en la pasión.
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